Nuestra movilidad Erasmus+ de educación de adultos en Bolonia llega a su fin. Pero el cierre no ha podido ser más brillante ni más intenso. El sábado, ya terminadas las actividades en nuestro CPIA2 de Bolonia, nos dirigimos a Florencia para cerrar el periplo italiano con un stendhalazo de los que hacen época y de los que uno no sabe -ni quiere- recuperarse.
La ciudad de los Uffizi y los Medici, de los mármoles inmortales de Miguel Ángel, de los versos de Dante y de la belleza interminable no nos permitía distraer la vista ni un minuto. Hemos visitado Santa María di Fiori, la Galería Uffizi, la Santa Croce, el museo de la Academia (estos que ahora escriben siguen allí, si no en cuerpo, seguro que sí en espíritu)…
Se dice que Aristóteles enseñaba mientras paseaba. El aprendizaje y la enseñanza es también salir a la calle y exponer a los sentidos al estímulo de la belleza en primera persona; a la necesidad de acercarnos cada vez un poco más a lo que nos rodea para entenderlo y valorarlo.No dejamos de repetirnos la suerte que hemos tenido de poder participar en este proyecto. A pesar del intenso trabajo que ha conllevado durante el curso para profesores y alumnado, el resultado ha sido TAN positivo, que incluso da un poco de vértigo superar un listón de esta altura. Hemos llevado a cabo los objetivos del proyecto y hemos entrado en contacto y trabajado codo a codo con alumnado y profesorado de adultos en un contexto muy diferente, compartiendo enseñanzas, puntos de vista e historia. Hemos reforzado con palabras y hechos nuestra conciencia europea, concepto que, hoy más que nunca, precisa de cimientos firmes; hemos enseñado y hemos aprendido. Hemos puesto nuestra pequeña parte en el proyecto humanista.
Ahora, toca volver, con un inevitable superávit de pasta en lo físico, y un poco más de equipaje interior en lo anímico.
Ciao, amici.

